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Dolor y sexo. Cuando el placer se convierte en sufrimiento

Dolor y sexo son en realidad palabras contradictorias. No vamos a hablar de BDSM, sino de alguna práctica sexual que pueden originar dolor.

El dolor y sexo no tienen porqué ser unos compañeros de viaje de las relaciones sexuales plenas, satisfactorias y completas. Sin embargo, existen una serie de factores, que puede hacer que un encuentro sexual se vaya al traste por accidentes, malas praxis, o por el fruto de una pasión desmesurada.

También los accidentes, que de manera involuntaria se producen a lo largo de un encuentro sexual, pueden hacer que el dolor y sexo, se den la mano innecesariamente.

Prevenir estas situaciones, no deja de estar en nuestras manos.

Vaginismo

Comencemos por algo que no sólo provoca dolor a las mujeres que desgraciadamente lo sufren, y quieren que su vida sexual sea normal y placentera.

El vaginismo no deja ser una contracción no voluntaria de la zona vaginal, que no permite la correcta penetración del pene o en muchos casos su imposibilidad. Los músculos vaginales siempre están en constante tensión durante los comienzos de la relación.

En muchas ocasiones la mujer se niega a afrontar el problema, pero la mayoría optan por acudir a terapias que hagan que el vaginismo desaparezca y puedan tener un sexo completo. No sin ello, dejar de sufrir en los primeros intentos de penetración por su pareja. Se darán cita dolor y sexo, pero por fortuna cuándo cuerpo y mente consigan esa paz que tanto desea para que las contracciones vaginales involuntarias desaparezcan, disfrutarán de todos y cada uno de los aspectos de un sexo de calidad.

Problemas de lubricación. Sequedad vaginal 

Los problemas de sequedad vaginal, es decir la falta de la lubricación natural para tener un coito placentero, es a veces como en caso del vaginismo, un problema que tiene solución. Pero la diferencia principal radica en muchas ocasiones en la falta de excitación de la mujer. La falta de deseo sexual es la principal causa para esa necesaria lubricación. Un ejemplo de ello es el sexo con escorts. Muchas de estas chicas no se sienten excitadas si su libido aumenta cuando algunos de sus clientes no son de su agrado.

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Mente y cuerpo son uno y si no fuera por el frecuente uso de lubricantes sexuales, apenas si podrían enfrentarse a un sexo que no les produjera dolor.

También en otros casos, el consumo de anticonceptivos provoca a la larga problemas hormonales que hace que la lubricación no sea suficiente, lo que conlleva a un sexo y dolor a la hora de practicarlo.

Sexo anal

Un ejemplo perfecto, donde el uso de lubricantes se hace en la mayoría de los casos necesario si no queremos sentir un dolor y sexo desagradable. Y es que, de todas y todos es bien sabido que el ano necesita dilatarse para dar paso a la penetración con el pene. La excitación es importante, pero a diferencia del sexo vaginal, no se segrega ningún líquido que haga menos doloroso el sexo anal.

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Volvemos a recurrir al caso de las escorts. Muchas de ellas ofrecen entre sus servicios eróticos el sexo anal, y lo normal es que utilicen lubricantes para que no sea doloroso esta práctica sexual. Las escorts de Madrid que lo practican, suelen pedir un extra fuera de su tarifa habitual debido precisamente a el dolor que el sexo anal pueda causarles. Y es que nunca saben qué tamaño tendrá el pene en erección de sus potenciales clientes. Obviamente el poder de dilatación del ano no es igual que el de la vagina, y dolor y sexo pueden llegar a darse de la mano en ocasiones como esta.

Dolor y sexo en los hombres

Pero no sólo las mujeres pueden sentir dolor en la practicas sexuales. Los hombres no se libran de ello debido a accidentes o practicas sexuales que pueden dar al traste con el placer.

La rotura del pene no es un mito. Ya que el miembro viril no tiene huesos, muchos hombres creen que es algo imposible, pero lo cierto es que lo es. Es durante la erección cuando el pene puede sufrir esa rotura de los músculos que lo componen. Las dos causas más frecuentes son:

  • Masturbación muy agresiva
  • Y durante el coito, al salirse el pene de la vagina de la mujer y chocar con su suelo pélvico.

Hay que tener en cuenta que cuando el pene está erecto, es por la cantidad de sangre que fluye dentro de su cuerpo cavernoso. En este estado es lógicamente más frágil que en reposo y más propenso a sufrir una factura del revestimiento exterior del revestimiento exterior que protege esas zonas cavernosas.

Las largas uñas femeninas

A la mayoría de los hombres les gustan las mujeres con uñas bien cuidadas y por supuesto largas. Es parte del erotismo de la mujer que tanto admiran. Sin embargo, las uñas, pueden ser las causantes de un dolor y sexo no precisamente placentero.

La pasión puede tener excesivos movimientos bruscos que se realizan casi de manera inconsciente. Lo mismo que un hombre puede causar dolor al masajear con fuerza los pechos femeninos, las uñas de la mujer se pueden clavar en la espalda u otras zonas de cuerpo masculino. Irremediablemente dolor y sexo vuelven a ser esos malos compañeros del viaje sexual donde solo debe haber placer.

El masaje testicular, que tantos beneficios sexuales puede ofrecer una mujer a un hombre, debe realizarse siempre con sumo mimo y cuidado. La fina piel que protege los testículos no puede verse dañada por las uñas femeninas, y es necesario tener mucho cuidado con ello.

Cuando el dolor conduce al placer

Pero todas estas situaciones que conducen al dolor y sexo, no son nada para los amantes del BDSM. Sus prácticas para muchos de nosotros, sinónimos de dolor, son para sus adeptos el camino del placer.

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Siempre hay un consenso previo para saber aquello que puede aguantar una mujer o un hombre, pero el placer no deja de estar en nuestra mente. Por ello, para lo que muchas personas es algo aberrante, es para otras el camino del placer sexual más absoluto.

El BDSM es libre, nadie lo realiza de manera involuntaria, y por ello nuestro respeto a estas prácticas, que lejos de entender, merecen todo el respeto del mundo. Dolor y sexo se combinan de manera habitual, pero al fin y al cabo, quienes lo practican, ejercen el derecho a su propia libertad sexual.

Carla Mila