Coitocentrismo, cuando el sexo es sólo penetración

Coitocentrismo, cuando el sexo es sólo penetración

Coitocentrismo, cuando el sexo es sólo penetración

El coicententrismo es aquella actitud sexual donde tan sólo la penetración tiene cabida en una relación sexual.

Sí esta definición abarca como el sexo para muchos hombres se centra sólo en el coito, sin que los preliminares, distintas posturas, o un poco más de imaginación, no son nada preocupantes para ellos.

Consecuentemente, y debido al poco tiempo que se le da a la mujer para conseguir al menos excitarse muchas mujeres a lo largo de la historia no han llegado a saber lo que es un orgasmo hasta muchos años después del matrimonio. Y siempre como fruto del azar o de la masturbación.

Todo esto, que nos parecerá muy extraño, tiene un origen cultural y con grandes tildes religiosas. El coitocentrismo va muy unido a las religiones, donde todo lo que no sea procrear, es pecado. Por ello cualquier práctica sexual que se saliera de la postura del misionero, es motivo casi de confesión.

Así lo entendían tanto ellas como ellos, por lo que la culpa de que la mujer no disfrutara del sexo, no era en sí un problema, sino simplemente una situación habitual de la cual tampoco era responsable el hombre.

Y de todo esto no hace tanto tiempo. La religión continua reprimiendo todavía a millones de parejas en el mundo a disfrutar plenamente de sus cuerpos y por su puesto de la sexualidad.

Las reivindicaciones sociales, el papel cada vez más importante de la mujer en el mundo, la lucha de los derechos a la plena igualdad, poco pueden hacer ante el papel de los cultos más represores sexualmente hablando.

Por todo ello, y aunque nos pueda parecer casi aberrante, el coicentrismo sigue siendo una constante en nuestros días.

Por resumirlo de alguna manera, para las mujeres la única zona erógena del hombre debe ser el pene, mientras que para ellos es la vagina.

Una práctica de tiempos pasados que aún hoy sigue siendo la gran barrera para que tanto ellas como ellos disfruten de una sexualidad plena.

 

Carla Mila

 

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