Voyerismo. La parafilia de los mirones

Voyerismo. La parafilia de los mirones

El voyerismo no deja de ser una parafilia, fundamentalmente masculina, que consiste en mirar como los demás realizan practicas sexuales. Quizá sea la una de la más comunes, ya que desde siempre hemos tenido constancia de esta actitud que nos rodea en cualquier parte. Máxime en los lugares públicos donde a muchas parejas les encanta realizar tocamientos, masturbarse mutuamente, o incluso sexo en público. Ninguno de ellos estará a salvo de la mirada indiscreta de personas que practican el voyerismo.

Desde siempre hemos tenido la imagen del voyeur escondido tras una gabardina y sombrero masturbándose mientras las parejas se besaban acaloradamente. Pero también quienes son víctimas de quienes practican voyerismo son las chicas, a pesar de que no tengan una actitud sexual. Tan sólo su belleza o sus atributos sensuales son objetos de estos mirones que abundan más de lo que creemos.

Voyerismo y masturbación

Los denominados voyeurs no son tan activos sexualmente como se puede llegar a pensar. Carecen de una buena salud sexual. Simplemente disfrutan de mirar y masturbarse. Poco más.

Les excita no ser vistos por nadie, y precisamente las posibilidades de ser sorprendidos hacen que su deseo sexual aumente. El miedo es su aliado, pero también potencia su excitación.

Quienes practican el voyerismo, también se las ingenian para espiar y masturbarse con personas cercanas de su entorno. Por ejemplo, se obsesionan con vecinas, compañeras de trabajo, e incluso mujeres que pertenecen a su familia.

voyerismo y chica

Cualquier estrategia es válida para sentir el placer de excitarse y posteriormente masturbarse para conseguir su cometido. Algo que contribuye a aumentar aún más sus deseos de voyerismo.

Disfrazarse, poner cámaras ocultas, colarse en vestuarios femeninos de piscinas o gimnasios, sólo son algunos de sus objetivos. Lugares y situaciones donde poder observar a mujeres semi-desnudas, o que les exciten. Y por supuesto no olvidan a las parejas que puedan espiar apostándose en los lugares más inverosímiles.

El riesgo es el placer. Exhibicionismo

El hecho de no desear sexo con quienes observan, es lo que más caracteriza a quienes tienen la parafilia del voyerismo. Su mente se alimenta de escenas sexuales o eróticas que hacen que se provoque la excitación. Pero muchos de ellos intentan “participar” de manera muy peculiar con sus propias acciones; practicando el exhibicionismo.

Mostrar sus genitales a mujeres vean como se masturban frente a ellas, es la otra gran fuente de excitación de los voyeurs.

Aumentan así las posibilidades de que las personas frente a las que se muestren, se sientan agredidos por invadir su intimidad. Las consecuencias pueden ser violentas. También, y al igual que el voyerismo, ley regula y castiga estos actos.

Los hombres que practican el voyerismo también son grandes consumidores de porno. Entre las webs de este sector les encantan secciones donde las chicas más jóvenes protagonizan escenas fuertes. Bien sean de relaciones supuestamente incestuosas o aquellas donde se las ve masturbando a hombres, como por ejemplo las dedicadas a sexo en grupo, como el bukkake.

Sexo en lugares públicos

Los lugares públicos como los aparcamientos, parques y lugares recónditos, son los preferidos por los voyeurs. Siempre de noche para pasar más inadvertidos. Se acercan a coches donde parejas tienen relaciones o a estos espacios donde podrán observar, excitarse y masturbarse.

Son grandes conocedores de los lugares que en su ciudad las parejas que no tienen donde disfrutar de la intimidad, van por obligación. Ellos conocen cada punto, valoran el riesgo y pueden pasar horas y horas observando.

voyerismo

Muchas parejas sienten atracción y les da morbo estar en lugares públicos escondiéndose de supuestas miradas. Los adictos al voyerismo también deambulan por los mismos lugares. Pero esto no quita para que puedan colarse en otros sitios donde observar a chicas cambiándose la ropa. Cualquier situación que despierte su excitación será objeto de esa observación y posterior masturbación.

Situaciones únicas e irrepetibles

Los adictos al voyerismo tienen un punto más a su favor en sus actos. A diferencia de lo que pueden observar en las webs porno, lo que ellos ven y a veces hasta graban, son momentos únicos. Sus objetivos, parejas o chicas, jamás podrán repetir la misma “escena” para otros.

De ahí que la falta de permiso y el robo de la intimidad mediante fotos, es para estos hombres todo un reto. Cada imagen es un pequeño triunfo pero que produce un gran grado de excitación.

Hay quien para defender sus acciones considera que todos y todas en el fondo, somos voyeurs por naturaleza. Bien, al que más y al que menos le gusta mirar. Lo hacen los adolescentes en la pubertad excitándose con chicas que hacen top-less en piscinas o playas. También aquellos que espían a sus primas, o amigas de sus hermanas. Es una curiosidad innata en el ser humano, pero que poco a poco desaparece y no la convierte en una actitud diaria y planificada.

Mirar siempre es reconfortante, sin duda alguna, máxime si somos amantes de la sensualidad que desprenden hombres o mujeres. Pero buscar estas situaciones sexuales intimas a diario, es algo muy diferente.

¿Una conducta sexual que necesita terapia?

Los médicos, psiquiatras y psicólogos no ven nada anormal en que una persona se sienta atraída por ver el sexo a escondidas. Lo peor es cuando ya se convierte en algo rutinario y patológico. Es entonces cuando consideran que es correcto tratarlo como paciente.

En los casos tratados médicamente, se observaron otras conductas asociadas que hacían ver que los voyeurs no son personas que vean la sexualidad con naturalidad. Ello les hace caer en continuas depresiones y sensaciones de vacío, ansiedad, nerviosismo. Segregan una gran cantidad de adrenalina que no es encauzada ni de manera sexual ni tampoco social. El miedo que pasan para excitarse no contribuye a un equilibrio emocional.

Por otro lado, también corren el peligro de ser sorprendidos por las personas que no dejan de ser sus víctimas. Con lo que el riesgo para su propia integridad física está continuamente en juego. También pueden ser denunciados por acoso, escándalo público y otras conductas que les originan problemas con la ley.

Es entonces cuando ya son víctimas de un voyerismo patológico, cuando es conveniente proceder a diversos tratamientos.

En los casos más comunes, se suele recurrir a una serie de inhibidores sexuales durante unos meses. Conjuntamente con una serie de terapias psicológicas.

Y ya en aquellos casos que el voyerismo supone un riesgo tanto para su salud, como para la de la sociedad, son ingresados. Suelen ser personas que han tenido varias detenciones y juicios por sus conductas incluido el exhibicionismo. Para ellos, durante la estancia consentida en psiquiátricos son expuestos a una constante reducción química de la testosterona.

Carla Mila