Afrodisiacos. Mitos o realidades

Afrodisiacos. Mitos o realidades

Afrodisiacos. Mitos o realidades

Los afrodisiacos, o sustancias para despertar o aumentar nuestra libido siempre han jugado en la sociedad un papel más de leyenda que de verdadera realidad.

Científicamente no está comprobado que ciertos alimentos produzcan un aumento del deseo o de apetito sexual, pero es la mente quien juega un importante papel a la hora de consumirlo con nuestra pareja en las puertas de las relaciones sexuales.

Muchos son los mitos y leyendas que se han despertado a lo largo de los años sobre algunos productos como el champagne, el chocolate o incluso ciertas bebidas al considerarlas afrodisiacos. Pero sin embargo es triste reconocer que tan sólo aquellos preparado químicos, que no aconsejamos, pueden potenciar aún más las relaciones sexuales.

La literatura, las viejas creencias populares o incluso el boca a boca se han encargado de que muchas personas confíen en productos naturales al identificarlos como afrodisiacos, siendo su mente la que juega siempre un importante papel. El sexo no deja de estar presente en nuestro cerebro y es el verdadero motor de la excitación sexual.

Es tal el culto a los llamados afrodisiacos supuestamente naturales, que incluso el ser humano se ha dedicado casi a exterminar especies para extraer de sus cadáveres elementos que prometían un deseo sexual interminable. Así, especies como el Rinoceronte, ha sufrido durante años la matanza de quienes deseaban obtener su cuerno debido a que sobre él se han corrido mil leyendas sobre sus poderes afrodisiacos. Lo mismo se decía del pene de Tigre o del semen de Ballena, pero no han sido más que rumores que han destrozado el habitad natural de África.

Pero volvamos a los más clásicos. En el caso del chocolate, proviene su supuesto poder afrodisiaco al consumo de bombones antes de muchas relaciones sexuales. Pero eso no significa que el chocolate tenga poderes especiales frente al sexo. Igual ocurre con las ostras, siempre tan sobrevaloradas en el ámbito sexual.

Lo mismo ocurre con el champagne, que tan valorado está. Su consumo proviene de las celebraciones, y sí, puede ser un gran protagonista del sexo, pero ni mucho menos aportará nada especial, excepto sus burbujeante sabor. Además, como todos los alcoholes, su consumo no ayuda precisamente al hombre a aumentar su potencia sexual.

Igual suerte corren las llamadas frutas afrodisiacas, las extrañas infusiones procedentes de oriente o las semillas sudamericanas. El ginseng es un claro ejemplo de ello, con multitud de beneficios para la salud, pero no como potenciador sexual.

Siempre se destacan las fresas acompañadas de cava. Pero no deja de ser un bonito aperitivo sexual.

El sexo es ante todo imaginación, deseo. Nuestro mayores poderes afrodisiacos se encierran en nuestra mente, así que pongamos elementos picantes a nuestra relaciones y no esperar a los alimentos que sólo tienen eso, fama, pero nada más.

 

Carla Mila.

 

 

 

 

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