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Muchos de los hombres, mujeres, o parejas, desean en las relaciones con escorts de lujo tener una confianza sexual que difícilmente se puede obtener en la primera cita.

Estas personas que desean ser comprendidos en sus fantasías, en aquello que les gusta o no, en tener una complicidad con las acompañantes, buscan entre las escorts aquella que sí encaje en sus gustos, y ella en los de él, en definitiva una relación casi de amantes, pero siempre remunerada.

En esta búsqueda de la confianza sexual es muy importante dejar de lado las emociones, por muy difícil que pueda ser pasado un tiempo. Nunca se debe ver con otros ojos a una escorts de lujo como a una amiga que con el tiempo no nos cobrará por sus servicios. Estas pretensiones se dan con demasiada frecuencia, y lo que se consigue es que la escort elegida no desee mantener más encuentros.

Con ello no queremos decir que ellas sean de piedra, pero si lo suficientemente racionales como para separar el trabajo de lo personal.

Si lo que se pretende es una confianza sexual en todos los sentidos, no se debe mezclar con otros factores. Las invitaciones a cenas, comidas o viajes también deben ser remuneradas, por mucho que el cliente valore el coste de las mismas.

Las escorts de lujo están cansadas ya de ese tipo de servicios. Muchas de las personas que acuden al encanto de sus servicios prefieren mantener antes una cálida cena, un fin de semana romántico, o ser la acompañante perfecta en eventos de lujo.

Por ello, nada les deslumbra, están acostumbradas a que se las trate como damas de compañía. Y no por ello nacen vínculos sentimentales.

Esto es lo que define precisamente a una escort de lujo de la que no lo es. Su cuidado físico, sus maneras, su elegancia, su educación y su bagaje cultural, pero no por ello dejan de ser activas e imaginativas en el sexo, pudiendo conseguir con hombres o parejas esa confianza sexual de la que tanto se habla.

 

Carla Mila

http://www.carlamila.es